Del 20 al 24 de julio, el Colegio San Patricio celebró su 22º Aniversario, y la primera semana tras las vacaciones de invierno se convirtió en una oportunidad para volver a encontrarse desde un lugar diferente.
Antes de que comiencen las competencias hay algo que siempre ocurre. Alguien rompe el silencio con un grito de apoyo. Desde otro rincón llega la respuesta. Poco a poco aparecen los colores de las alianzas, la música ocupa los patios y el colegio cambia de ritmo.
No porque deje de enseñar. Porque, por unos días, aprende de otra manera.
Detrás de esta celebración estuvo el trabajo del Centro de Alumnos (CEAL), junto a profesores, asistentes de la educación y colaboradores que hicieron posible una programación pensada para que cada estudiante encontrara una forma de participar. Y eso ocurrió desde los más pequeños de Pre Básica hasta los jóvenes de Enseñanza Media.






Cinco días donde cada estudiante encontró su lugar
Mientras algunos corrían en las competencias deportivas, otros ensayaban una coreografía. Había quienes preparaban una receta, resolvían un desafío de destreza o daban vida a una presentación artística. Nadie vivió el aniversario de la misma manera, pero todos encontraron un espacio para aportar.
Los patios se llenaron de color. El gimnasio reunió a cursos completos alentando a sus compañeros. La playa Trocadero ofreció otro escenario para seguir compartiendo fuera del colegio, con el mismo entusiasmo que se respiraba dentro de sus salas.






En Pre Básica y Enseñanza Básica, las alianzas roja y azul dieron vida a cada desafío. En Enseñanza Media, la Alianza Las Vegas obtuvo el primer lugar en esta vigésima segunda versión del aniversario y celebró la coronación de su reina como cierre de una semana marcada por el compromiso y el trabajo en equipo.
Sin embargo, los resultados nunca fueron la única historia. Mientras unos competían, otros organizaban, animaban, preparaban cada detalle o simplemente estaban ahí para apoyar a sus compañeros. Muchas veces son esos gestos, casi imperceptibles, los que terminan dando sentido a una celebración.






Cuando compartir también fortalece una comunidad
Disfraces, juegos, abrazos y muchas sonrisas fueron parte del paisaje durante esos días. Lo más valioso, sin embargo, aparecía en los pequeños momentos: la confianza con la que estudiantes de distintas edades compartían un mismo espacio, la naturalidad con la que un profesor terminaba celebrando junto a sus alumnos, o ese instante en que una alianza aplaudía el esfuerzo de otra, porque competir nunca fue lo contrario de respetar.
Son escenas breves que a veces duran apenas unos segundos, pero son las que permanecen en la memoria mucho después de que termina la celebración.
La semana llegó a su fin. Los patios recuperaron su ritmo habitual y las alianzas guardaron sus colores hasta el próximo aniversario. Sin embargo, algo quedó flotando en el ambiente: las risas, las historias compartidas y esa satisfacción silenciosa de haber vivido algo juntos.
Al final, quizás de eso se trate un aniversario: de la alegría de sentirse parte.