El viernes 7 de agosto, la SEREMI del Medio Ambiente de la Región de Antofagasta, Verónica Araneda Gómez —representante regional del Ministerio del Medio Ambiente del Estado— reconoció públicamente al Colegio San Patricio por su trabajo en educación ambiental, durante la Cuenta Pública Participativa 2025–2026, realizada en la sala de audiencias del Primer Tribunal Ambiental de Antofagasta.
Es un reconocimiento al trabajo constante del Equipo Verde y de las academias ambientales del colegio, que durante años han hecho del cuidado del medio ambiente parte de la estructura educativa del Colegio San Patricio. No una actividad aislada, sino algo que el colegio sostiene y hace crecer con cada generación de estudiantes.
El colegio estuvo presente desde el inicio de la ceremonia, y de una forma que dice bastante sobre cómo entiende la educación ambiental. Martina Cortés Talamilla y Cristóbal Araya Rivera, estudiantes de la Academia de Forjadores Ambientales, abrieron la jornada bailando un pie de cueca. Los dos comparten dos cosas: el gusto por nuestro baile nacional y una participación activa en las iniciativas ambientales del colegio. Martina, además, es este año Encargada de Medio Ambiente del Centro de Estudiantes (CEAL), un rol desde el cual promueve entre sus compañeros una mirada más consciente sobre el entorno.

La SEREMI Araneda entregó el reconocimiento al rector Juan Rojas Garín, a la profesora Leslie Muñoz —a cargo del Equipo Verde— y a Augusto Herrera Romero, estudiante de 3° Básico A: tres integrantes de una misma comunidad que, desde distintos lugares, sostienen este trabajo día a día.
Una trayectoria que se ve en sus estudiantes
La presencia de Augusto en ese momento no es casual, y vale la pena detenerse en ella. Antes de integrar la Academia de Forjadores Ambientales de Huerto, Augusto fue Mini Forjador de Huerto, el primer escalón de un camino que el colegio ofrece a sus estudiantes desde los cursos más pequeños. Es, en cierto modo, un resumen en una sola trayectoria de lo que el colegio intenta construir con todos: que el vínculo con la naturaleza no se enseñe una vez, sino que crezca junto con el estudiante, año a año, hasta convertirse en algo propio.

Eso es, quizás, lo que distingue a un colegio que trabaja la formación ambiental. No es una actividad puntual ni una campaña de un semestre. Es una estructura —academias, equipos docentes, espacios de participación— sostenida en el tiempo, donde los estudiantes pueden observar, experimentar y, sobre todo, hacerse cargo de algo real.
El reconocimiento de la SEREMI confirma, desde una mirada externa, lo que en Colegio San Patricio ya es parte de su forma de educar: que cuidar el entorno se aprende haciéndolo, y que ese aprendizaje acompaña a cada estudiante desde que llega al colegio hasta que se licencia, convertido en parte de quién es.