Quien haya observado detenidamente a un niño de seis años frente a una tablet conoce ese estado de hipnosis pasiva: el brillo azul en las pupilas, el dedo índice haciendo un scroll mecánico, la mente consumiendo imágenes prediseñadas a una velocidad que el sistema nervioso apenas alcanza a procesar. Es la paradoja de nuestro tiempo; una lucha diaria de padres y educadores por rescatar la atención y la profundidad intelectual de una generación sobre estimulada.
Sin embargo, la mañana del pasado encuentro literario en el Colegio San Patricio, la resistencia cognitiva tomó la forma de un ave altiplánica.
Con los libros de papel abiertos sobre los pupitres —esos objetos físicos que la neurociencia defiende hoy más que nunca porque permiten al cerebro trazar mapas espaciales de la lectura, fijar la memoria cronológica y construir refugios de foco único—, los estudiantes de 1° y 2° básico no estaban simplemente cumpliendo con el Plan Lector 2026. Estaban habitando una geografía propia. Habían leído sobre Kunturi y Awatiri, comprendiendo el valor del arraigo y la comunidad; habían explorado la poética sagrada del nacimiento en El nacimiento de Angelita; y se habían apasionado con la disputa territorial de Pukupuku y el canto al amanecer.
Y entonces, ocurrió el encuentro.
Invitar al colegio a Nidia Faúndez Aguilar —ariqueña, psicóloga, trabajadora social y la mente detrás de Nifam Ediciones— no fue una actividad extracurricular más. Fue un choque de realidades para los alumnos. Descubrir que la persona que ideó el juicio del cóndor para resolver un conflicto entre el ave nativa y el gallo extranjero estaba allí, frente a ellos, dispuesta a escuchar sus opiniones, transformó la lectura en un proceso simbiótico. Los niños no solo escucharon; intervinieron. Con un despliegue de conocimiento que sorprendió a los adultos presentes, interrogaron a la autora, debatieron sobre las acciones de los personajes y defendieron con entusiasmo sus propias interpretaciones de las historias.
Para un niño, ese intercambio es un catalizador cognitivo definitivo. Es comprender que la literatura no es un monumento de mármol ni un dibujo animado incorpóreo en streaming, sino una conversación viva entre seres humanos.

Educación intercultural y el rescate de la identidad andina
“Ha sido una experiencia maravillosa, muy linda”, comentaría más tarde la propia Nidia Faúndez, visiblemente conmovida por la agudeza de los lectores más pequeños del colegio.
“Estoy muy agradecida del Colegio San Patricio por incluir estas obras en su Plan Lector, porque ayuda a que los niños y niñas puedan conocer las costumbres, las tradiciones y leyendas del norte de Chile. Lo que tenemos que hacer es mantener y preservar estas lenguas y costumbres de nuestros pueblos originarios. Me voy absolutamente emocionada”.
Nidia Faúndez
La emoción de la escritora es también la certeza de nuestra comunidad educativa. Cuando el Departamento de Lenguaje y el área de Humanidades articulan estas alianzas, respaldadas por el compromiso de directivos y el pulso constante de los apoderados, se genera un impacto social profundo. Estamos devolviéndole a los niños la soberanía de su propia imaginación. Les estamos demostrando que frente al murmullo incesante de las pantallas digitales, el soporte impreso y la memoria ancestral de nuestro norte siguen siendo el suelo más fértil para que sus cerebros piensen de manera crítica, sientan con empatía y vuelen tan alto como Kunturi, pero con los pies firmemente sembrados en su propia tierra.
